jueves, 28 de abril de 2011

Plan de clase, 14 de mayo 9 hs



1° parte: El superyó como heredero del complejo de Edipo
               Dra. Isabel Dujovne
               Coordinadora : Lic. Alicia Hendel
2° parte: No sin el padre..pero más allá de él”
               Dr. Oscar Paulucci
               Coordina : Lic. Cecilia Fernandez Gil  
3° parte: Comentario de la película “Muerte en un funeral" a cargo de la Lic Gabriela  Piaccuadio
                

miércoles, 20 de abril de 2011

El humor, Freud

EN mi trabajo de 1905 sobre El chiste y su relación con lo inconsciente sólo consideré el humor desde el punto de vista meramente económico, pues a la sazón me importaba revelar la fuente del placer que despierta el humor, y creo haber demostrado que reside en el ahorro del despliegue afectivo.
El proceso humorístico puede llevarse a cabo de doble manera: ya sea en una sola persona, que adopta ella misma la actitud humorosa, mientras el papel de la segunda se limita al de mero espectador divertido; ya entre dos personas, de las cuales una no tiene la menor parte activa en el proceso humorístico, siendo aprovechada por la segunda como objeto de su consideración humorística. Detengámonos en el más crudo de los ejemplos. Si el reo conducido un lunes a la horca exclama: «¡Linda manera de empezar la semana!», entonces él mismo despliega el humor, el proceso humorístico se agota en su persona y evidentemente le produce cierta satisfacción. A mí, al espectador sin parte ni interés, me toca en cierto modo un efecto a distancia de la producción humorística del reo; quizá de manera análoga que él perciba el beneficio placentero del humor.
Se da el segundo caso, por ejemplo, cuando un poeta o narrador nos describe con humor la conducta de personas reales o imaginarias. No es preciso que estas personas exhiban a su vez humor alguno: la actitud humorística concierne exclusivamente a quien las toma como objetos; también aquí, como en el caso precedente, el lector o auditor es mero partícipe del placer que causa el humor. Abreviando, cabe decir, pues, que la actitud humorística -cualquiera que sea su contenido- puede dirigirse contra la propia o ajenas personas; también cabe aceptar que proporciona un beneficio placentero a quien la adopta y un análogo placer corresponde también al espectador sin parte alguna en la trama.
Para comprender la génesis del placer humorístico lo mejor es considerar el proceso que se opera en el oyente ante quien otra persona despliega su humor. Aquél ve a ésta en una situación cuyas características le permiten anticipar que producirá las manifestaciones de algún afecto: se enojará, se lamentará, expresará dolor, susto, terror, quizá aun desesperación, y el espectador-oyente se dispone a seguirla, a evocar en sí las mismas emociones. Pero esta disposición afectiva es defraudada, pues el otro no expresa emoción alguna, sino que hace un chiste.

En el oyente surge así del despliegue afectivo ahorrado el placer humorístico.
Hasta aquí todo es fácil, pero no tardamos en decirnos que es el proceso desarrollado en el otro, en el «humorista», el que merece mayor atención. Sin duda, la esencia del humor consiste en que uno se ahorra los afectos que la respectiva situación hubiese provocado normalmente eludiendo mediante un chiste la posibilidad de semejante despliegue emocional. En este sentido el proceso del humorista debe coincidir con el del oyente, o más bien dicho, el proceso de éste debe ser una copia del que ocurre en aquél. Pero, ¿cómo logra alcanzar al humorista esa actitud psíquica que le torna superflua la descarga afectiva? ¿Qué sucede en él, dinámicamente, durante la «actitud humorística»? Evidentemente, habremos de buscar la solución del problema en el propio humorista, pues en el oyente sólo podremos hallar un eco, una copia, de ese proceso desconocido.
Es hora de que nos familiaricemos con algunas características del humor. No sólo tiene éste algo liberante, como el chiste y lo cómico, sino también algo grandioso y exaltante, rasgos que no se encuentran en las otras dos formas de obtener placer mediante una actividad intelectual. Lo grandioso reside, a todas luces, en el triunfo del narcisismo, en la victoriosa confirmación de la invulnerabilidad del yo. El yo rehúsa dejarse ofender y precipitar al sufrimiento por los influjos de la realidad; se empecina en que no pueden afectarlo los traumas del mundo exterior; más aún: demuestra que sólo le representan motivos de placer. Este último rasgo es absolutamente esencial para el humor. Supongamos que el reo conducido al cadalso en día lunes hubiese dicho: «Todo esto no me importa. ¿Qué más da si cuelgan a un tipo como yo? Por eso no se vendrá abajo el mundo.» Entonces deberíamos juzgar que este discurso, si bien expresa una magnífica superación de la situación real, si bien es sabio y justificado, no traduce ni pizca de humor y hasta se basa en una apreciación de la realidad que es directamente opuesta a la del humor. El humor no es resignado, sino rebelde; no sólo significa el triunfo del yo, sino también del principio del placer, que en el humor logra triunfar sobre la adversidad de las circunstancias reales.
Estos dos últimos rasgos -el repudio de las exigencias de la realidad y la imposición del principio del placer- aproxima el humor a los procesos regresivos o reaccionarios que tanto nos ocupan en la psicopatología.

martes, 19 de abril de 2011

Bibliografía para el 14 de mayo en este link

http://docs.google.com/viewer?a=v&q=cache:KTYxIsrkyGYJ:www.librosgratisweb.com/pdf/freud-sigmund/un-trastorno-de-la-memoria-en-la-acropolis.pdf+un+trastorno+de+memoria+en+ña+acrópolis&hl=es&pid=bl&srcid=ADGEESiz6J4IVVAlH0RUrUym4eiQblWtq6QE8eLtoAUKdwCAzEavxfna7F1UAN5MfL-Y-olfN2TtEEnyTC2VMxPpX6Nium8jxUItwfySQ6fyY-GXdx7XwHLvAIaIKexO_JwyGsuI_I-s&sig=AHIEtbRc4HuS-bJAP72dct_FPBHNh0I3dQ

miércoles, 13 de abril de 2011

Jornada del sábado 14 de mayo, 9 hs.

Programa de la Jornada

El superyó como heredero del Complejo de Edipo.
 
La paradoja del superyó:" así como el padre debes ser, así como el padre no te está permitido ser" 
Dra Isabel Dujovne

Bibliografía: Freud S. "El malestar en la cultura". Capítulo 7.
                                 "El humor"
Lacan J. :Hamlet:un caso clínico. En Lacan oral. Xavier Bóveda ediciones.


No sin el padre pero... más allá de él.
Dr. Oscar Paulucci
Bibliografía:Freud S.:"Un trastorno de la memoria en la Acrópolis"
Lacan J.: Del mito a la estructura. Seminario XVII. Capítulo 8. Ed. Paidós.


Fragmentos del film Muerte en un funeral, versión inglesa de 2007.

9 de abril


martes, 12 de abril de 2011

Texto para la clase del 14 de mayo


Sueño “El padre estaba muerto pero no lo sabía”.

Un hombre, que cuidó de su padre durante su larga y cruel enfermedad letal, informa que en los meses que siguieron a su muerte soñó repetidas veces: “El padre estaba de nuevo con vida y hablaba con el como solía. Pero él se sentía en extremo adolorido por el hecho de que el padre estuviese muerto, solo que no sabía”. Ningún otro camino nos lleva a la comprensión de este sueño, que parece absurdo, si no es el de agregar “según el deseo del soñante” o “a causa de su deseo” a las palabras “que el padre estuviese muerto”, y el añadir “que él (el soñante) lo deseaba” a las últimas palabras. El pensamiento onírico reza entonces: era para él un doliente recuerdo el haber tenido que desearle la muerte a su padre (como liberación) cuando aún vivía, y cuán espantoso habría sido que el padre lo sospechase. Se trata, pues, de los autorreproches que siguen a la muerte de un deudo querido, y aquí ese reproche se remonta hasta el significado infantil del deseo de muerte contra el padre.
 Sigmund Freud: Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico. 1911.
ED. Amorrortu. Tomo XII. Página 230.

domingo, 10 de abril de 2011

Comentario sobre el film Volver al futuro, presentado por María A. Pacheco y Maximiliano Martínez Donaire

Volver al futuro: la historia puede cambiar

La película propone en tono de ciencia ficción la posibilidad de reescribir la propia historia, cuestión que de algún modo se emparenta con la tarea analítica; en efecto, pensamos que de eso se trata un análisis, de ir y venir, desde un presente hacia un pasado ficticio pero no menos real, y en ese mismo movimiento “la historia va a cambiar.” Tanto allí como aquí, en el film como en el análisis, la historia que ha de ser rescrita no es cualquiera, sino justamente aquella que da cuenta del posicionamiento del sujeto en el Edipo, y específicamente, las vicisitudes de la función padre. Y para que esto sea posible es necesario subvertir la temporalidad, entrelazando pasado, presente y futuro, ya sea usando una máquina para viajar en el tiempo, o bien sirviéndose de la transferencia.
Ahora bien, ¿de qué nos está hablando el personaje? el protagonista nos deja traslucir que de lo que se trata es de embellecer al padre para que no caiga, enaltecerlo. Si el padre cae, él se desvanece; si el padre cae, el protagonista queda atrapado en la belleza materna. Pero ¿será suficiente el enaltecimiento del padre para romper el espejismo edípico?

Pasamos ahora a comentar las escenas recortadas en función de la temática propuesta para este encuentro.

En una de las primeras escenas, el protagonista, Marty, es confrontado con la cuestión de que el legado del apellido paterno lo ubica en un lugar devaluado, impotente, incapaz para alcanzar algún tipo de éxito o logro: “ningún Mc Fly fue gran cosa en la historia de Hill Valley”. A partir de allí él se hace eco de esa voz de su padre que resuena en su interior inhibiéndolo, e identificándose con un “padre vago”. Nos resulta interesante intercalar aquí, la cuestión de la culpa que puede sentir un hijo por superar al padre, tal como lo señala Freud en “Una perturbación del recuerdo en la Acróplis”:

“Parece como si lo esencial en el éxito fuera haber llegado más lejos que el padre, y como si continuara prohibido querer sobrepasar al padre”

Pero volviendo al film, allí aparece también otra voz, la de Doc, que empuja en otra dirección. Este profesor algo sabe, y haciendo semblante de papá le dice “eres bueno si te lo propones.” (o “el que trabaja todo lo puede”). Doc representa un lugar de habilitación y apuesta al deseo.

Siguiendo las escenas de aparición de un padre caído, aparece un padre burlado, humillado y denigrado por Biff, personaje bravucón y psicopático. George se somete a los abusos de Biff, ante la mirada de su hijo, e incluso se mantiene pasivo cuando éste es insultado por aquel. Es un padre que no se la juega por su hijo ni lo defiende: es un padre que va de perdedor. Qué peor imagen paterna para un hijo que aquella en la que el padre agacha la cabeza, y cuánto más, cuando de lo que se trata es de defender la exogamia (dado que en esa escena Marty se quedaba sin auto para salir con su novia). Tanto en el presente como en el pasado McFly padre es burlado y humillado. Marty le reclama a su padre que por qué no responde y éste le dice “Tienes razón hijo, no puedo enfrentarme con él”, o bien, “son más fuertes que yo”. Esta escena nos recuerda al recuerdo freudiano de humillación de un padre, más bien de su propio padre. De paseo con su padre, éste le dice: “Siendo yo muchacho, me paseaba por las calles del pueblo donde tú naciste, un sábado; llevaba un lindo traje con un gorro de pieles nuevo sobre la cabeza. Vino entonces un cristiano y de un golpe me quitó el gorro y lo arrojó al barro exclamando: ¡Judío, bájate de la acera!- ¿Y tú qué hiciste?-  Me bajé de la calle y recogí el gorro, fue la resignada respuesta. Esto no me pareció heroico de parte del hombre grande que me llevaba a mí pequeño de la mano.”

Volviendo al film, luego se observa una cena familiar, donde la madre recuerda el inicio de la relación con su marido, en un tono añorante por las pasiones vividas, y esperando que éste la acompañe con su mirada en ese recuerdo… sin embargo él ni la escucha ni la mira, absorbido por la TV; padre que sigue vacilando, desdibujado, en su lugar del hombre de una mujer. En palabras de Philippe Julien:

“El niño tiene un padre real, en la medida que este hombre es el que ha hecho de una mujer, de ésta que yo llamo mamá, la causa de su deseo y el objeto de su goce”

Sin embargo… la historia puede cambiar. Se produce un crimen, el padre científico es asesinado y de repente… “el pasado”, la tragedia edípica cobra vida.

Freud, en los escritos técnicos proponía una serie de “Consejos”  que a él le resultaban útiles para los tratamientos. Es así que les solía decir a sus pacientes que mientras durara el tratamiento no convenía hacer grandes cambios en su vida, al estilo de cambiar de trabajo, casarse… Ya de lleno en el pasado, Doc aconseja: “No debes hablar con nadie ni ver a nadie.” Consejo tardío ya que Marty estaba totalmente zambullido en la trama edípica como personaje principal.

Marty se entromete entre sus padres, dado que en el momento en que estaban éstos destinados a conocerse, hace su síntoma: intenta salvar al padre, pero tomando su lugar frente a la madre. Veamos cómo se da el comienzo de la escena edípica. El hijo durmiendo y su madre admirando su belleza; su madre embelesada por él. Es en ese punto donde se cambia el destino. El hijo tomando el lugar del padre para seducir a la madre. Pero desde los inicios Marty intenta escapar a esa tragedia. Si no sale de  ese lugar, desaparece. Es así que en el momento en que la madre se le acerca para acariciarlo sensualmente, éste se cae (¿marea?). El mareo caída como sacudida frente a lo incestuoso. Aquí se mezclan los dramas de Edipo y Hamlet. La madre, como en Edipo, “no sabe” que es su hijo, y por ende se entrega a desearlo y seducirlo sin velos, se enamora de él.  Marty, como Hamlet, sí “sabe”, y de allí su confusión, su tormento, sus dudas, atolladero del que solo podrá salir con la ayuda del Doc, padre simbólico para él… o lugar del analista en la transferencia para nosotros. 
El protagonista se descubre, entre la fascinación y el horror, tomado como objeto de deseo de su madre; y el padre, lejos de venir a reclamar su lugar, claudica, resignado.  A partir de allí se desata el drama edípico: Marty comprende que si no logra que entre el padre en escena y lo reemplace como objeto de deseo de la madre, él no llegará a ser, se desvanecerá de la existencia, figura que metaforiza el ser tomado como objeto pleno de deseo del Otro
Y entonces… la historia empieza a cambiar. El hijo empieza a construirse un padre, cuestión que ya señalara Freud en “El Moisés y la Religión monoteísta”:

“(…) esta  vuelta de la madre al padre define además un triunfo de la espiritualidad sobre la sensualidad, o sea, un progreso de la cultura pues la maternidad es demostrada por el testimonio de los sentidos mientras que la paternidad es un supuesto edificado sobre una razón y una premisa.”

Marty empieza a levantar a ese padre caído, pieza por pieza; va moldeándolo, dándole forma, consistencia; busca darle coraje, confianza; va armando un padre a quien la madre pueda amar; un padre Ideal. En palabras de Philippe Julien:

“[El hijo] fomenta, forja, una imagen paterna de alta estatura, de fuerte estatus, de bella estatua. Se vuelve hacia esa imagen digna de ser admirada y la sustenta con tal o cual rasgo proveniente de un hombre hermoso, fuerte, viril (…) El fin buscado es que un padre haga de contrapeso al deseo de la madre”.

Otro punto interesante a destacar es el diálogo entre padre e hijo que se genera en el comedor del colegio. El hijo descubre un aspecto valioso pero escondido, oculto del padre: la escritura. El padre escribe historias pero no las da a ver. Viraje interesante ya que luego, en el futuro éste deviene exitoso por ser un gran escritor. Es así que en la reescritura de su propia historia paralelamente se reinscribe algo de lo valioso del padre que enorgullece y lo enaltece.

Ahora bien, retomando una pregunta que nos hacíamos al principio, no basta solo con enaltecer al padre para romper el espejismo edípico. Se necesita una madre que le de lugar a ese padre, y un padre que mire a esa madre. Ya en la “novela familiar” Freud nos habla de que la madre es certísima y el padre incierto. Creemos que esta frase puede conectarse muy bien con la cuestión del padre simbólico. Padre es aquel que ocupa un lugar simbólico. Aquel que señala la madre y aquel que a su vez desea a esta madre por sobre otra cosa.

De algún modo, esto es lo que va figurando la película, cómo hacer para que esta madre desee a este padre. Y en este punto, el protagonista se vale de un legado simbólico, proveniente de Doc: “eres bueno si te lo propones…”, legado que Marty le dice a su padre, convocándolo a una posición deseante.

La escena crucial se aproxima. Marty forja un plan que expresa la paradoja sintomática en la que se encuentra: entre lo conciente y lo inconsciente; puesto que por un lado, buscará que su padre intervenga en la escena dual y convoque a la madre; pero para logar esto, el hijo tendrá primero que abordarla eróticamente, “propasarse con ella”. Y de hecho, no es el hijo quien pone el límite en la escena, sino la madre, al percibir lo incestuoso. De este modo, se abre en ella el espacio para un deseo más allá del hijo.

Y en efecto, de entre los escombros de humillaciones y sometimientos, emerge finalmente un padre; un padre que toma coraje, un padre que no renuncia a su deseo; que logra enfrentarse al rival y conquistar a la mujer. Y así, una trompada cambia la historia, acto que pone fin al sometimiento y libera al hijo de la seducción materna.  

Nos preguntábamos por qué en la selección de la escenas no aparece tanto la presencia de Doc. Doc es asesinado y es así que permite a Marty revisar su pasado. Al volver este asesinato se evita. Esta cuestión nos hace pensar que no es necesario matar realmente al padre para superarlo, tenerlo simbólicamente o contar con él. El parricidio es simbólico, inherente a la estructura del sujeto. Ya nos lo contaba Freud en el escrito sobre “El dictamen de la facultad en el proceso el Halsmann. Halsmann fue condenado por el crimen de su padre. Su condena fue basada en la tesis del parricidio inherente a los hombres. Freud rechaza esta cuestión aludiendo que si bien el parricidio es inherente, estructural no es condición necesaria, no le va a ocurrir a todo hombre. Dice: “Justamente por su omnipresencia, el complejo de Edipo no se presta a extraer una conclusión sobre la autoría del crimen.” Seguramente lo que sí tiene todo sujeto son fantasías parricidas. Pensábamos que tal vez de esto se trate. El asesinato de Doc por los libios como la fantasía, ensoñación del asesinato del padre. De ahí al pasado

Finalmente nos encontramos con que la escena familiar inicial, del padre humillado, sometido y la madre una “dejada”, es rescrita al final de la película. Nos encontramos con un padre escritor, una madre bella y una familia con logros.

Más allá del carácter hollywoodense del final, nos permite pensar en la reescritura de la novela familiar. El adolescente necesita enaltecer a otra familia para poder desprenderse de la de origen. Ya sea en la realidad o en la fantasía; en la ficción Marty se construyó otra familia que le diera la opción de la exogamia.